Luego de los eventos de la primera película, esta secuela comienza mostrando a Sarah, la única sobreviviente, literalmente clavada a una silla por Max, personaje que ya ha aparecido en Redwood Massacre. Max es un asesino serial, un psicópata en estado puro que está obsesionado con encontrar al asesino de Redwood. Pero teniendo en cuenta que en el final de la precuela, el asesino fue aplastado por un auto, es difícil entender qué es exactamente lo que está buscando Max. El plan de Max es encontrar el cadáver del asesino e intentar revivirlo de alguna manera ya que está fascinado con su modus operandi, el cual recordemos es descuartizar personas. Para lograr su cometido, Max engañará a la familia de una de las víctimas del asesino original, para salir en su cacería. Pero en realidad, es toda una trampa. Max y sus compañeros de viaje encuentran una base militar subterránea donde se practican experimentos ilegales que revivirán al asesino para fascinación de Max. El problema es que el asesino original (nunca mencionan su nombre real...), está completamente desencajado y matará a todo lo que se cruce en su camino, incluso a Max. Una secuela que arranca de manera espectacular, pero todo se va por la borda con la tremendamente confusa resucitación del asesino. Teniendo algunos elementos y detalles muy morbosos y terroríficos, la historia va perdiendo sentido y sabor a medida que nos acercamos al final, dejándonos una secuela que promete mucho en sus primeros minutos, pero decepciona llegando al final. Estoy harto de este tipo de películas donde los asesinos empiezan siendo personas reales y sus secuelas subsiguientes los transforman en seres sobrenaturales solo para continuar una historia que nunca debería haber tenido un final.

ALGUNAS ESCENAS

VALORACION: la voy a aprobar nomás, pero para mí no fue la gran cosa. 6 ptos.